Este CADE fue distinto: marcado por el contexto preelectoral, con menos espacio para lo técnico y más énfasis en la trascendencia de la próxima elección, sus riesgos y en la urgencia de que el empresariado deje la indiferencia y participe activamente en la política.
Coincido en la necesidad de defender activamente las ideas de libertad y el modelo de libre mercado y, precisamente para lograr que ese mensaje se extienda más allá de quienes hacemos empresa y que no sea percibido como uno emitido desde el privilegio, creo que la convocatoria pudo ser más plural y el tono menos beligerante.
Dicho eso, a lo mío que es la tributación: Dos son las ideas al respecto con las que me quedo:
1. La necesidad de estructurar un mecanismo que realmente acompañe a las empresas en su crecimiento y las oriente a la formalidad tributaria.
No es nuevo, reformar los regímenes tributarios especiales para Mypes es algo en lo que se trabaja desde hace tiempo, sin una solución definitiva. Lo que sí me resultó nuevo fue que no estamos solos en ello, expositores de otros países destacaron como Startups de sus países, al pasar el umbral Mype, se mudan a jurisdicciones como Delaware para evitar la carga de los regímenes tributarios generales.
2. La necesidad de seguridad jurídica, destacándose como dato el incremento de demandas ante el CIADI por vulneración de compromisos internacionales de garantía a la inversión, en varios casos en temas tributarios.
Respecto de esto, creo que el problema es amplio y complejo: el incremento sin control del gasto público por iniciativas legales que generan déficit fiscal, pone presión por una mayor recaudación y una menor devolución, con endurecimiento de fiscalizaciones no solo en número, sino también en los criterios interpretativos de SUNAT, lo que se suma a la enraizada cultura de desconfianza mutua entre Administración y contribuyentes, todo lo cual tiene su más clara manifestación en lo que he venido a llamar la dictadura de la forma, situación en la que el principio de verdad material queda cada vez más minimizado.
Si a esto se suman los problemas institucionales del Poder Judicial destacados en un bloque en el evento y un proceso de litigio tributario mal estructurado que permite procesos que pueden durar más de 20 años, el desincentivo a la inversión por inseguridad e impredictibilidad es muy claro.
Por todo eso, mi compromiso en esta red es visibilizar problemas, proponer soluciones y ayudar a los inversionistas a hacer empresa en esta compleja coyuntura.
Como se dijo en CADE: si todos nos involucramos, podemos construir un país mejor. Cada quien desde su experiencia, cada aporte cuenta.
Este CADE fue distinto: marcado por el contexto preelectoral, con menos espacio para lo técnico y más énfasis en la trascendencia de la próxima elección, sus riesgos y en la urgencia de que el empresariado deje la indiferencia y participe activamente en la política.
Coincido en la necesidad de defender activamente las ideas de libertad y el modelo de libre mercado y, precisamente para lograr que ese mensaje se extienda más allá de quienes hacemos empresa y que no sea percibido como uno emitido desde el privilegio, creo que la convocatoria pudo ser más plural y el tono menos beligerante.
Dicho eso, a lo mío que es la tributación: Dos son las ideas al respecto con las que me quedo:
1. La necesidad de estructurar un mecanismo que realmente acompañe a las empresas en su crecimiento y las oriente a la formalidad tributaria.
No es nuevo, reformar los regímenes tributarios especiales para Mypes es algo en lo que se trabaja desde hace tiempo, sin una solución definitiva. Lo que sí me resultó nuevo fue que no estamos solos en ello, expositores de otros países destacaron como Startups de sus países, al pasar el umbral Mype, se mudan a jurisdicciones como Delaware para evitar la carga de los regímenes tributarios generales.
2. La necesidad de seguridad jurídica, destacándose como dato el incremento de demandas ante el CIADI por vulneración de compromisos internacionales de garantía a la inversión, en varios casos en temas tributarios.
Respecto de esto, creo que el problema es amplio y complejo: el incremento sin control del gasto público por iniciativas legales que generan déficit fiscal, pone presión por una mayor recaudación y una menor devolución, con endurecimiento de fiscalizaciones no solo en número, sino también en los criterios interpretativos de SUNAT, lo que se suma a la enraizada cultura de desconfianza mutua entre Administración y contribuyentes, todo lo cual tiene su más clara manifestación en lo que he venido a llamar la dictadura de la forma, situación en la que el principio de verdad material queda cada vez más minimizado.
Si a esto se suman los problemas institucionales del Poder Judicial destacados en un bloque en el evento y un proceso de litigio tributario mal estructurado que permite procesos que pueden durar más de 20 años, el desincentivo a la inversión por inseguridad e impredictibilidad es muy claro.
Por todo eso, mi compromiso en esta red es visibilizar problemas, proponer soluciones y ayudar a los inversionistas a hacer empresa en esta compleja coyuntura.
Como se dijo en CADE: si todos nos involucramos, podemos construir un país mejor. Cada quien desde su experiencia, cada aporte cuenta.