Si partimos de la sospecha, jamás llegaremos a la confianza.
Y sin confianza, el “cumplimiento colaborativo” no cruza el río ni reduce la litigiosidad.
Asistí al XXV Foro Anual de Tributación de la SNMPE y, a partir de la exposición de SUNAT sobre el programa de cumplimiento colaborativo, me quedé con una conclusión simple: el requisito indispensable es el cambio cultural.
Si el objetivo es construir un puente desde la litigiosidad hacia la certeza, publicar esquemas de alto riesgo en planificación fiscal enciende las luces de la obra; es transparencia. Pero no basta. Si el trato cotidiano sigue transmitiendo “no te creo, eres sospechoso», el puente avanza a tirones.
Lo que escuché y lo que falta
SUNAT reconoce que debe pasar del patrón fiscalizador y reactivo a uno colaborativo, donde prime la confianza sobre la sospecha y los contribuyentes compartan información y riesgos.
Sin embargo, hoy muchas publicaciones y actitudes de SUNAT exudan desconfianza:
El estándar altísimo que a veces raya lo absurdo para fehaciencia de gastos y la “declaración de principios de fiscalización” publicados, que claramente parten de la sospecha. La primacía de formas sobre la verdad material que se aplica a todo nivel: pedir glosas hiper detalladas para validar gastos, pedir aviso previo de pago a terceros para lo mismo, aplicar plazos rígidos de anotación para deducciones y créditos, entre muchos otros casos. Todo transmite: “no te creo” Psicología básica: si desconfías de mí, yo desconfío de ti.
SUNAT afirma que transmitirá el beneficio de acogerse al programa como parte de su promoción, pero ¿Cuál es ese “beneficio” real ?
Si el estándar base es la sospecha, ¿el beneficio será “sospechar menos”? ¿tratarlo neutral? Un programa colaborativo debe cambiar la música: ver al contribuyente como colaborador, de ahí el nombre. Lo contrario es como tener un padre maltratador y que el premio por hacer lo que pide sea que te traten «normal», ¿eso es un incentivo?
Como señala Luis Miguel Castilla Rubio hoy en un muy acertado artículo al que me remito, la discrecionalidad aplicada con arbitrariedad que mina la seguridad jurídica, genera desconfianza: https://lnkd.in/eeYsw2UX
Publicar posiciones es un inicio, pero la confianza justificada exige cambio cultural: de sospecha a colaboración, con criterios de razonabilidad y proporcionalidad en la aplicación discrecional de normas y procedimientos, que estén alineados con el objetivo de recaudar lo justo, no de llegar a una cifra o de cubrir un déficit fiscal. El éxito se medirá en menos litigios y más certeza.
La confianza no se decreta; se construye.
Si queremos cruzar el río, levantemos el puente a dos manos.
Asistí al XXV Foro Anual de Tributación de la SNMPE y, a partir de la exposición de SUNAT sobre el programa de cumplimiento colaborativo, me quedé con una conclusión simple: el requisito indispensable es el cambio cultural.
Si el objetivo es construir un puente desde la litigiosidad hacia la certeza, publicar esquemas de alto riesgo en planificación fiscal enciende las luces de la obra; es transparencia. Pero no basta. Si el trato cotidiano sigue transmitiendo “no te creo, eres sospechoso», el puente avanza a tirones.
Lo que escuché y lo que falta
SUNAT reconoce que debe pasar del patrón fiscalizador y reactivo a uno colaborativo, donde prime la confianza sobre la sospecha y los contribuyentes compartan información y riesgos.
Sin embargo, hoy muchas publicaciones y actitudes de SUNAT exudan desconfianza:
El estándar altísimo que a veces raya lo absurdo para fehaciencia de gastos y la “declaración de principios de fiscalización” publicados, que claramente parten de la sospecha. La primacía de formas sobre la verdad material que se aplica a todo nivel: pedir glosas hiper detalladas para validar gastos, pedir aviso previo de pago a terceros para lo mismo, aplicar plazos rígidos de anotación para deducciones y créditos, entre muchos otros casos. Todo transmite: “no te creo” Psicología básica: si desconfías de mí, yo desconfío de ti.
SUNAT afirma que transmitirá el beneficio de acogerse al programa como parte de su promoción, pero ¿Cuál es ese “beneficio” real ?
Si el estándar base es la sospecha, ¿el beneficio será “sospechar menos”? ¿tratarlo neutral? Un programa colaborativo debe cambiar la música: ver al contribuyente como colaborador, de ahí el nombre. Lo contrario es como tener un padre maltratador y que el premio por hacer lo que pide sea que te traten «normal», ¿eso es un incentivo?
Como señala Luis Miguel Castilla Rubio hoy en un muy acertado artículo al que me remito, la discrecionalidad aplicada con arbitrariedad que mina la seguridad jurídica, genera desconfianza: https://lnkd.in/eeYsw2UX
Publicar posiciones es un inicio, pero la confianza justificada exige cambio cultural: de sospecha a colaboración, con criterios de razonabilidad y proporcionalidad en la aplicación discrecional de normas y procedimientos, que estén alineados con el objetivo de recaudar lo justo, no de llegar a una cifra o de cubrir un déficit fiscal. El éxito se medirá en menos litigios y más certeza.
La confianza no se decreta; se construye.
Si queremos cruzar el río, levantemos el puente a dos manos.